Si alguna vez has abierto la nevera sin saber muy bien qué buscabas, esto te interesa. Y no, no te pasa solo a ti. Distinguir entre hambre física y hambre emocional es una de las habilidades más útiles (y menos enseñadas) para llevarte bien con la comida.

Si alguna vez has abierto la nevera sin saber muy bien qué buscabas, esto te interesa. Y no, no te pasa solo a ti. Distinguir entre hambre física y hambre emocional es una de las habilidades más útiles y, menos enseñadas en el las rutinas diarias, para llevarte bien con la comida. Como terapeuta humanista con más de 10 años de experiencia, lo veo constantemente en sesión. Recuerdo a una clienta que aseguraba tener un hambre voraz, pero al enseñarle a parar, aplicar técnicas de Focusing o de alimentación consciente y conseguir escuchar su cuerpo, descubrió que esa hambre era en realidad una presión de angustia instalada en su pecho y lo que necesitaba no era comer, era procesar la emoción y el origen de esa sensación corporal.
Para diferenciarlas podemos centrar la atencion en un punto clave: el cuerpo. El hambre física nace en el cuerpo, se suele sentir en el estómago y puede ir acompañado de un sensación de leve mareo . El hambre emocional, sin embargo, nace en la cabeza, en el pecho, en la boca del estómago y va de la mano de una sensación sentida unida a una emoción concreta. La primera pide energía y la otra pide alivio, sosten, compañía...
La próxima vez que sientas ese impulso, haz una pausa y pregúntate con calma:
Nota importante: No se trata de prohibirte nada, de juzgar como gestionas las emociones con la comida. Se trata de mirar con curiosidad, con respeto y entendiendo qué me pasa. Escucharme con compasión y flexibilidad es la clave para empezar el cambio de mi relación con la comida.
Ojo: A veces el hambre física se disfraza de emocional. Lo aclaro, si te saltas comidas, comes muy poco durante el día o llegas a la noche con hambre voraz, tu cuerpo reclama con gasolina para mantenerte fuerte. Eso es hambre real que se vive con descontrol por falta de escucha corporal. Por eso, comer con regularidad sería parte de la solución pero del problema. La clave no está en comer 5 veces al día, está en preguntarte cada 2 o 3 horas si tienes hambre o no.
¿Y si sé que es emocional? No pasa absolutamente nada. Comer por emoción es de lo más humano: celebramos con comida y nos consolamos con comida, y ese no es el problema. El problema aparece cuando es tu única herramienta para gestionar lo que sientes. Ahí es donde conviene trabajar en lo profundo para poder construir, desde uno mismo, la herramientas necesarias para gestionar mis emociones sin comida.
Si te cuesta frenar el impulso por comer y quieres una herramienta práctica para tenert a mano, te invito a descargar mi PDF gratuito El Botón de Pausa. Un ejercicio de 3 minutos para volver a ti.
Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si sospechas que tienes un trastorno de la conducta alimentaria, busca ayuda profesional.
Si quieres entender tu relación con la comida desde la raíz, puedo acompañarte.